jueves, noviembre 19, 2009

Bungee

La descripción que hace Castaneda de como se mostraba el Nahual de Don Genaro, en el Libro "Relatos de Poder", dice: "Lo miré saltar de una rama. Al seguir su curso en una distancia de mas o menos veinticinco metros, mis ojos experimentaron una extravagante distorsión. No era que saltara por medio de la acción elástica de sus músculos; mas bien se delizaba por el aire, catapultado en parte por su formidable alarido, y jalado por unas vagas líneas emanadas del árbol, era como si el árbol lo chupara a través de esas líneas".
Cuando leí este párrafo dije ¡Esto es bungee!, es el tirón del elástico después de llegar al fondo. Al reflexionar en la idea, sentí que el bungee es como una metáfora del nacimiento. Nacer es el bungee más radical que puede experimentar el hombre. Cuando el niño decide el momento de nacer, se lanza sin instructor desde un mundo pequeño, acuoso, oscuro, de escaso movimiento, a otro inmenso, luminoso, de ruido y zamarreo,y antes que le corten el elástico que lo mantuvo con vida durante nueve meses, debe cambiar los organos de respiración, algo así como tirarse al vacío siendo un pez y terminar el salto como una persona.
El último día de vacaciones del 2001, terminó una larga lluvia, fui al lago y vi que se habían reiniciado los saltos de bungee - se está dando todo para tirarme - pensé y me decidí. Había una coreografía del sponsor que duro 20 minutos, enseguida se reiniciaron los saltos y rápidamente me puse en la fila. El encargado me hizo firmar un papel donde declaraba bajo juramento que no padecía enfermedades cardíacas, diabetes, obesidad ni várices, no padecía epilepsia, vértigo, ni enfermedades mentales, no estaba borracho ni drogado, me hizo pesarme, pregunté para que, me respondió que para ver la necesidad de cambiar el elástico. Pregunté también por la altura; 50 metros. Mientras esperaba, se acercó un fotógrafo a ofrecerme tres fotos por 9 mil pesos, acepté una por 3 luquitas en el momento de saltar.
Entré a la lona, un ayudante me puso el arnés y el mosquetón donde se engancha el elástico, esperamos que bajara la jaulacon el instructor, sentí que la gente empezaba a mirarme, al tocar el suelo, el instructor caminó hacia mi, me preguntó el nombre y me pidió subir a la jaula. En seguida me indicó que no debía hacer nada que el no me ordenara, mientras me ubicaba en un extremo de la jaula y cerraba el paso con una cinta gruesa. Chequearon todo el equipo, arneses, mosquetones, posición del elástico a viva voz y dio la orden de mepezar a subir.

- ¿Te has tirado antes?
- No.
- ¿tienes la boca seca?
- Si, respondí - es el sabor metálico de la adrenalina que empieza a subir, me dijo el instructor.
- mira el paisaje mientras subimos.
Al voltear hacia los lados, mas bien vi que la playa, la peninsula y el pueblo me observaban a mi, y comenzé a sentir oleadas de miedo y la convicción que tirarme era una soberana estupidez, desee estar en tierra de mirón. Recordé los escritos de Castaneda y le pedí a mi muerte, con la mano izquierda cerrada, que me protegiera y me ayudara a enfrentar el salto. Los últimos metros de subida me parecieron exagerados, las personas se veían muy pequeñas, me pareció mas alto desde arriba que mirando desde abajo.
El instructor me indicó con voz fuerte: No debes tirarte de cabeza ni parado, hazlo soltando las manos y dejándote caer hacia el vacío como si te dejaras caer de guata en una piscina, luego sacó la cinta y me ordenó pararme en el borde. Antes de hacerlo miré hacia abajo, ví la profundidad de la caída, la gente diminuta, sentí una oleada de pánico, por un momento sentí que no sería capaz de saltar, luego pensé en lo férrea que había sido mi decisión los dias anteriores, por mi cabeza pasó la decepción y el arrepentimiento del día siguiente, tuve miedo al ridículo, me sentí decepcionado por una sensación muy fuerte de cobardía ante el riesgo, algo que nunca experimento, mientras el instructor repetía todo muy fuertemente y me conminaba a lanzarme, como si supiera lo que pasaba por mi cabeza, no recuerdo bien lo que decía pero pero era algo así como ¡tu puedes Pato, tu puedes!, su cara muy expresiva me asustó un poco. Si era seguro y en definitiva solo un juego, ¿por que esa expresión?, la estrategia debía ser al revés pensé, darle confianza al saltador, hablarle con voz suave, confiada. Corté abruptamente todos estos pensamientos y me dije mentalmente con fuerza ¡voy a hacer caso a todo lo que me diga este compadre y me tiraré cuando el me ordene!, el sentimiento era de entregarme al salto en la confianza que todo estaba en orden y que el instrucctor quería que yo sintiera la adrenalina no la muerte. Con una mano me levantó la cabeza y me gritó; ¡ya Pato cuando yo cuente hasta tres te tiras, con confianza, con ganas y grita fuerte! y apuntándo simultáneamente con la otra manó hacia abajo, conto:...uno.....dos.....tres, pasó un cuarto de segundo y solte mis dos manos, mantuve cerrados los ojos un octavo de segundo, los abrí y sentí la fuerza de gravedad como si me chupara hacia la tierra, haciéndome soltar el grito mas fuerte que he dado en mucho tiempo.

No puedo recordar si llegue de guata o de espaldas abajo,luego el segundo tirón hacia arriba y una nueva caída en que sentí nuevamente la fuerza de gravedad, pero aminorada, una especie de Bungee chico,en ese momento sentí las exclamaciones de la gente y me entregue al gusto de caer con un grito menor. Luego de un balanceo ridículo me dejé colgar con las manos y las piernas hacia atrás, mientras comenzaban a bajar la jaula.
Al tocar el suelo sentía una rara mezcla de relajación y un leve temblor del cuerpo, quizás por el torrente de adrenalina que solté en las venas. Se acercó un tipo con un micrófono a hacerme algunas preguntas para el público; ¿como estuvo el salto?, ¿como te sientes?, ¿sentiste la adrenalina?, etc., me regalaron una polera del auspiciador y me fui a tirarme en mi toalla y sacarme el buzo