sábado, mayo 23, 2009

ASCENSO AL VOLCAN VILLARRICA

21 de diciembre 2008

12:00 fui a la cancha de aviación de Pucón a fotografiar orquídeas nativas, que crecen al borde del camino internacional, cientos de turistas cuicos pasaban en sus Van mirando un tipo tirado en la berma fotografiando plantas insignificantes…..orquídeas.

Luego tomé un bus que me dejó en el puente del río Turbio, al otro lado del puente hay un pequeño monolito al padre Francisco Valdés Subercaseaux, el casó a mis padres hace 54 años y me bautizó a mi y aunque ahora soy agnóstico, si creo que hay gente santa y estoy seguro que Fray Francisco es uno de ellos. Me senté tras el monolito a comer mi cocaví y le pedí que los alimentos nutrieran mi cuerpo para el ascenso de mañana al volcán Villarrica (2.847 msnm). Puse las orquídeas colectadas para semilla a modo de ofrenda y pedí por su conservación y conocimiento, continué caminando 6 o 7 km por el camino hacia Curarrehue, viendo cientos de orquídeas, entre ellas una especie nueva, quizás perdida cientos de años en la numerosa sinonimia del género en Chile.

Entre Eucaliptus vi el volcán tras los cerros de “El Cerdúo” y el nacimiento del río Turbio y fotografié el crater, divagando en el impacto que producirían en mi sitio Flickr, a los pocos minutos aparecerían las típicas perogrulladas ¡Amazing!, ¡Awesome!¡Good shot! y ¡Gorgeus! Que nunca he sabido que mierda significa.

De vuelta en Pucón llamé a un Guardaparque de CONAF, el Forest Service Chilensis, donde trabajo, pidiéndole me llevará al volcán en su visita de rutina y le pedí, care’ palo, me prestara el equipo de ascenso, el guarda buena tela, me aperó completamente con casco, piolet, crampones, polainas, guantes, una parka y gafas, luego arrendé un par de zapatos de nieve en $ 2000 (3,9 US$), y OK, subiría el volcán Villarrica por dos lucas…..

22 de diciembre 2008;

A las 6:45 estaba en la oficina de CONAF, en ese momento me di cuenta que no llevaba la cámara fotográfica, patié la perra unos segundos, incluso pensé una milésima de segundo en suspender el viaje, pero después me mentalicé y me dije: olvídalo y disfruta el viaje, mi inconsciente me había jugado una mala pasada por estar divagando en el impacto de mis fotos en Flickr. A las 7:00 AM estábamos en la base de los andariveles. Un compadre contratado por CONAF para controlar las empresas de ecoturismo que suben al volcán, me enseñó como usar el piolet “siempre hacia la ladera del volcán, tomándolo de arriba (no del mango) con la punta hacia atrás, de manera que en caso de caida uno pueda enterrar en piolet en el hielo con una mano y tomando el mango con la otra”, luego aprendí a ponerme las polainas, los camprones (no sabía absolutamente nada) y sobre los blujean me puse unos pantalones de Trekking chinos que compré en $ 10000 en un almacén de oulet de Pucón.

OK, puesto el equipo inicié la subida solo, a los pocos minutos ya estaba respirando muy rápido, miré hacia atrás y vi una pareja de gringos a 200 metros que subían tras de mi lento pero constante, en el cerro yo camino rápido y paro a descansar bien seguido y veía como se me acercaban inexorablemente, hasta que al fin estaban al lado mío y me pasaron diciendo ¡hello!...hello les respondí mientras miraba el crater pensando: ¿Cómo llegaré arriba si en los primeros 300 metros un par de gringos me pasan como si estuvieran paseando por el parque?. Llegué al final de los andariveles, donde empieza la nieve en verano, me senté a ponerme los crampones tratando de recordar la instrucción del amigo, al ver la nieve y el hielo me reconforté y me sentí mejor.

Me puse tras una cordada de Brasileños, para irme a la “cochiguagua” pegado a la cordada en la subida, pero el guia notó mi presencia de “subidor solitario” y me dijo ¡pase adelante!.

Empecé a subir solo siguiendo las huellas. Cada cordada lleva un uniforme distinto que identifica a la empresa, de manera que es muy fácil identificar a los que suben solos, yo iba con un polar gris, los pantalones de trekking chinos verde muy oscuro, polainas azules, casco rojo, gafas azules, igual me sentía su resto bakán. Delante iban dos cordadas, rápidamente alcancé la de mas abajo (uniforme amarillo) en el sector de la gruta y la pasé acortando camino entre el zigzag de la cordada, los guías me miraban como diciendo ¡y este huevón de adonde salió!, llegué lentamente a la Piguinera, un pequeño afloramiento rocoso antes de empezar el Plateau, donde alcancé a la primera cordada, peto azul y pantalones negros, que terminaban su descanso, todas y todas bakanes, de muy buen estado físico, todo el mundo comiendo galletas y chocolates y tomando agua, sin embargo dos gringos tenían calambres y una mina temblaba de hipotermia su pololo la sobaba y hacía friegas, no le vi buen pronóstico, yo me sentía muy bien no tenia dolores, ni frío, ni calor, jamás me puse la parka que la lleve colgando de la mochila todo el camino.

Un guía se acercó y me dijo “hola de donde vienes”, de Viña del Mar, trabajo en el Jardín Botánico, seguramente le llamó la atención que un compadre el doble de edad que el 99% de los 120 que subieron el volcán ese día (solo vi un par de mi edad que subía cuando yo iba bajando) y además Chileno, por que en realidad solo vi un Chileno, lo descubrí pues un guía le gritó, ¡vamos Chile!, probablemente habían un par mas pero en general los chilenos brillan por su ausencia. Pensé que muchos colegas de CONAF, entidad administradora de los Parques Nacionales de Chile, habrían subido, pero los guardas me dijeron que no lo hacen, recordaban a un guardaparque de Torres del Paine que subió hace un tiempo atrás y nada mas, ¡plop!. Los guardaparques por supuesto, son extraordinarios montañistas, ellos controlan a los guías y son los que rescatan a los perdidos y accidentados, labor no siempre reconocida en los medios.

Las primera cordada, peto azul, reinició la marcha desde la pinguinera, me metí en la línea, iba en 8° lugar empezando el “Plateau”, las mas larga y cansadora parte de la ascensión, comencé a quedarme atrás y corte la continuidad de la cordada, de pronto el guía que iba en la punta me vio y me grito: ¡ el que va solo que salga al lado del sendero para dar paso a los que PAGARON!, me cagué la onda unos segundos, pero después entendí que no era correcto ni amable meterse entre las cordadas, dejé pasar dos cordadas y caminé solo tras la segunda, atrás venían mas de 70 personas en varias cordadas. Arriba hacia la zona de la “colada” aparecieron dos jóvenes bajando en tablas de snowboard en el hielo, habían subido amaneciendo antes de que subiera la primera cordada.

Me producía mas cansancio mirar las cordadas que subían tras de mi y me descansaba ver los iban delante de mi posición. Lentamente empecé a pasar nuevamente los grupos acortando los zigzag, ahora guías me miraban, como diciendo “putas el compadre bueno pal cerro”, a mis 54 años tengo mi corazón intacto, recupero los latidos en muy corto tiempo y la voluntad la tengo intacta, no sufro de vértigo, pero mis piernas son delgadas y tengo quebrado el peroné de la pierna derecha lo cual me hizo perder musculatura en esa pierna, a veces me tiemblan ambas cuando camino en los cerros, para mover apenas 62 kilos de peso que tengo, por eso sentía una sana alegría por mi estado físico cuando pasaba los grupos de jóvenes israelitas y brasileños y europeos.

El paisaje hacia el sur no era espectacular, el cielo no estaba claro y solo destacaba el volcán Llaima, sin embargo la falda del volcán recortada contre el cielo y el horizonte era de una belleza extraordinaria.

Lentamente nos acercábamos a la colada, una zona de afloramientos rocosos que bajan desde el cráter y donde se producen desprendimientos de hielo y nieve cada cierto tiempo. Las fumarolas del volcán y vapor de agua se veían muy cerca bajando desde el cráter. En el hielo se veían pequeños penitentes en posición horizontal o en el mismo sentido de la pendiente, a lo lejos se veía un pequeño grupo de piedras donde descansaba la primera cordada, al poco rato los alcanzamos, le pregunté al guía el nombre de ese lugar, no tenía, y nos lanzamos al último tramo, la colada se veía a la izquierda nuestra había nieve polvo de una pequeña nevada dos días atrás, luego pasamos por encima de la colada subiendo entre piedras y nieve, de pronto sentimos unos gritos miramos hacia abajo y un israelita bajaba echando puteadas contra una persona a quien le tiró un par de combos, se acercó alguien a detenerlo sin éxito, el Israelita lanzó el piolet al piso y un guía lo tomo por la espalda y lo aseguró en el suelo donde estuvo así un rato, los guías se decían entre ellos “un Yala (nombre con que los guías conocen a los israelitas) se agarró a combos con el pelao”. Se acabó el show del Yala y sentimos las primeras olores asufrados que llegaban en oleadas por el cambio de viento, de pronto la primera cordada se perdía en el humo de color café-rojizo-amarillo, algunas jóvenes mujeres isrealitas se detuvieron sintiéndose ahogadas. Tengo problemas con mi tabique nasal izquierdo y también sentí temor de sentirme ahogado, luego recordé que algunos curanderos usan el asufre para sanar enfermedades y comencé a aspirar como remedio las oleadas, pasé a las mujeres entre piedras y hielo a menos de 100 metros del borde del cráter, en un momento pisé el hielo sin enterrar el crampón en una franja de hielo puro y 60 grados de pendiente, y al pasar el pie siguiente resbalé y comencé a caer vertiginosamente por la pendiente, llevaba el piolet bien tomado como me enseñó el control de CONAF, pero mi brazo iba en otra posición lo giré por encima de mi hacia la izquierda y logré enterrarlo en el hielo tal como me habían enseñado en caso de caída, sentí que había bajado unos 50 metros pero solo fueron 20 o 25, enseguida llegó corriendo un guía a auxiliarme y de pasada me dijo “you lost your sunglasses”, pensando que yo era Yala, -si ya caché- le conteste, miré hacia abajo y los lentes de nieve iban 100 metros mas abajo bajando en grandes volteretas, “sin lentes se le va a complicar la cosa”, me dijo el guía. No tenía nada roto y ascendí hasta alcanzar el sendero nuevamente, en 5 minutos hice la cumbre.

La primera y segunda cordada descanzaba sentados en las rocas de espaldas al cráter, otros de pié, avancé entre ellos, miré el vapor del cráter, y el volcán en todo su esplendor, me lleve las manos a la cara y lloré un poco sin que nadie se diera cuenta, agradecí a mi protector interno, me sentía muy feliz, agradecía a mis piernas que me llevaron a esas alturas, de pronto los guías se acercaban felicitando a las cordadas, los isrealitas no se inmutaban, mas bien hacían gestos como diciendo “no estoy ni ahí”, el guía que me reto después de la pinguinera, me reconoció y con un ánimo nuevo me felicitó dándome la mano, yo le agradecí también.

Caminé por el borde del cráter, no se veía la lava hacia abajo, pues el aire frío de la nevada de hace dos días condensaba la humedad inmediatamente al entrar al cráter de forma que este se veía como un geiser, de todo el diámetro cráter emergía vapor de agua condensada mezclada con los vapores sulfurosos, igual se veía fantástico. Busque un gringo con maquina fotográfica y con cara de shilenito pedigueño le dije, “please mister can you take me a photograph, because y lost my camera, and after that you send me by e-mail”….”my camera is full” me respondió el muy cagón. Busque un Yala con cara de buena onda, le dije lo mismo y me respondió…..I don’t have e-mail…..¿queeee, pensé? Ok le respondí con una expresión de “gracias conchetumadre”.

Los guias esperaron 5 minutos y empezaron a llamar las cordadas, chicas israelitas se sacaban fotos con pancartas en hebreo, algunas pancartas volaban, los guias las retaban diciendo que la falda del volcán estaba llena de papeles por la mala costumbre esa, pero no hacían caso.

Comenzamos a bajar, llegué al lugar de la pelea, las cordadas descansaban, algunos guías me hablaron pues ya se habían pasado el dato que yo era de CONAF, me hablaban casi como un colega pues sabían que había subido solo sin tener experiencia en hielo, los guardas de CONAF se lo comentaron a algunos guías por radio cuando se inició el ascenso.

Un guía me dijo que podía volver tirándome sentado por todo el Plateau, dije que no, ya me había salvado de una y no quería mandarme el último condoro. Mientras bajaba aún subían 30 o 40 personas. Salí del sendero y vi en el hielo un pequeño hoyito de 5 cm de diámetro y 2 cm de profundidad en cuyo centro descansaba en paz una polilla, luego mas y mas hoyos desperdigados por la falda, cada uno con su difunta, pequeñas tumbas de polillas abiertas al cielo cada 20 o 30 metros, un auténtico parque del recuerdo de Himenópteros en plena falda del volcán Villarrica, con una vista espectacular al lago, al volcán Llaima y el lago Colico, que ya se quisieran las familias que les gusta hacer ostentación post mortem, después supe que este cementerio es conocido por pájaros que vuelan hasta la falda a hartarse de polillas, como quien saca canapés del refrigerador, ¿Por qué las polillas van a morir alli?, ¿tendrán su vuelo nupcial en esas maravillosas faldas para luego morir con la sonrisa eterna del frío?.

Seguí bajando y al mirar mis guantes negros les veía una especie de áurea azul eléctrico, también el mango metálico del piolet emitía destellos ultravioletas que duraban una centésima de segundo, sabía que eran los primeros efectos de caminar casi dos horas en el hielo sin gafas. Un poco mas abajo me lancé sentado por la pendiente, se forma una capa de hielo bajo el poto de manera que uno va como sentado en una silla de hielo, cero problema.

Ya en Pucón a las 5 de la tarde me tendí un momento en la cama, cerré los ojos y al abrirlos sentí un dolor agudo, sentía como arena caliente en los ojos, me dolía abrirlos, cerrarlos, mirar la luz, todo, estuve botado en la cama sin atinar a nada con ganas de vomitar, al fin terminé en la posta de Pucón donde me controlaron el dolor, debí pagar 13 mil pesos al hospital, gastar otros $ 26000 en gotas y remedios, en farmacias coludidas, comprar los lentes que me prestó el guardaparque de CONAF, afortunadamente eran de seguridad muy baratos, en fin, gasté $ 40000 pesos en todo, cuando esperaba subir por dos lucas. Igual feliz.